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Dos grandes apellidos del mundo del vino se unen para elaborar vino tinto en Mendoza, Argentina: Catena y Rotchild

Rotchild y Catena forman una unión mágica en una de las bodegas imprescindibles de Mendoza: Bodegas CARO. Las dos familias elaboran un gran vino tinto con Malbec y Cabernet Sauvignon. 

Por Glòria Vallès

Buscando la mejor combinación para elaborar un gran vino tinto con Malbec y Cabernet Sauvignon, en 1999 nació la unión de Domaines Barons de Rothschild, propietarios del emblemático Chateau Lafite en Burdeos, y la familia Catena, propietaria de Catena Zapata en Mendoza.

Dos culturas, la francesa y la argentina, y dos cepas para vino tinto, la Malbec y la Cabernet Sauvignon, nos demuestran que quien no se entiende es porque no quiere. En una sola botella encontramos la esencia de dos regiones importantes en el mundo del vino: la histórica Burdeos y la atractiva Mendoza. Un matrimonio en perfecta harmonía.

En los años 70 y 80 la Argentina producía grandes cantidades de vino de calidad media y baja. Fue Nicolás Catena, en un viaje a Calfornia en los 80, quien descubrió nuevas técnicas para la viticultura y la producción de calidad y las importó a su región.

Nicolás Catena regresó a su tierra para empezar a trabajar con los viñedos de altura (a más de 1400 metros) y aplicar todo lo que había aprendido en California. Él fue también el primero en importar barricas de 225 litros a Mendoza, así como el sistema de riego por goteo.

botellas de vino tinto de Bodegas CARO

Bodegas CARO, una unión de éxito para elaborar vino tinto en Mendoza

En los años 90, los vinos de Catena Zapata se empezaron a vender en el mercado internacional. Fue el primer vino argentino en lograr los 15 dólares la botella de vino tinto, un gran éxito para un vino de la América del Sur.

Fue así como el legendario Barón Éric de Rothschild, propietario de uno de los Chateâu más importantes de Médoc, en Burdeos, conectó con Nicolás Catena para visitar su propiedad en Mendoza.

Rotchild estaba en Chile para visitar su propiedad Viña Los Vascos, y el vuelo de Santiago de Chile a Mendoza no dura más de 50 minutos, de modo que la visita era cercana si tenemos en cuenta que ya había cruzado el Atlántico desde Burdeos.

Aquí nació una alianza que hasta hoy se enfoca a la producción de vinos de alta calidad en Mendoza.


CHATEAU LAFITE ROTCHILD ES UNO DE LOS GRANDES PREMIER CRU CLASSÉ DE PAUILLAC, EN MÉDOC, FRANCIA. MADAME POMPADOUR LO SERVÍA EN SUS CENAS Y ERA EL VINO DE LA REALEZA FRANCESA EN LA ÉPOCA DE LUIS XV


En esta nueva aventura vitivinícola que dio luz a su primer vino en el año 2000: Catena aportaba el conocimiento de los viñedos de altura (sus viñedos están ubicados a más de 800 metros de altura, y hasta 1.400) y de la variedad local Malbec. Rothschild aportaba la habilidad para crear vinos de altísima calidad mediante el ensamblaje con Cabernet Sauvignon.

vino tinto de Bodegas CARO

Técnicas de viticultura francesa en el Nuevo Mundo

En una época en la que el Malbec – variedad principal para elaborar vino tinto en Mendoza – no gozaba de la notoriedad internacional actual, trabajar con cortes de variedades conocidas como la Cabernet Sauvignon, clásica uva de los vinos de Burdeos, resultaba indispensable para salir a vender a los mercados internacionales a un precio digno.

Desde el comienzo del proyecto, Domaines Barons de Rothschild (Lafite) y la familia Catena han realizado un gran esfuerzo para seleccionar las mejores parcelas de viñedos en la región de Mendoza que les permitan elaborar grandes vinos en Bodegas CARO.

Los mejores terroirs que han seleccionado para CARO son capaces de dar vida a grandes Malbec y Cabernet Sauvignon que hoy en día ya se venden etiquetados con la firma de la bodega.  Están ubicados en VistalbaLa ConsultaTupungato y Agrelo.

La cosecha en Bodegas CARO es siempre manual y los racimos se escogen en la mesa de selección antes de proceder al despalillado. Se trabaja con viñedos que tienen un promedio de 30 años de vida, de modo que no se puede desperdiciar la alta calidad de la uvba que producen con una cosecha mecanizada o sin selección previa al prensado.

La vinificación se lleva a cabo de manera tradicional, con remontajes moderados seguidos de un periodo de maceración de duración variable según la cepa y el año.

Técnicas clásicas para terrenos nuevos.

Conocer Mendoza, Argentina, la tierra del vino tinto Malbec

El turismo del vino en Mendoza está cada vez más desarrollado, y podemos encontrar propuestas de enoturismo realmente interesantes. Una tierra ubicada a los pies de Los Andes, que antiguamente había sido un desierto, promete mucho. Y no decepciona.

En la carretera que discurre ente la ciudad de Mendoza y el elevado valle de Uco, encontramos hoteles preciosos como Cavas Wine Lodge, Entre Cielos, The Vines of Mendoza o Casa de Uco.  Entre las bodegas que podemos visitar, Catena Zapata, Norton, Trapiche, Casa El Enemigo o Clos de Los Siete.

Y aunque el principal atractivo de la región es el vino y la gastronomía, no podemos perdernos la visita al Parque Nacional del Aconcagua, y si tenemos tiempo, volar a Santiago de Chile para pasar dos noches en el espectacular Viña Vik.

Si quieres conocer un proyecto personal del enólogo de Catena Zapata en Mendoza, no te pierdas el artículo de Casa el Enemigo.

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sala de barricas en Bodegas CARO

El chef Fernando Rivarola revoluciona la cocina argentina

“A El Baqueano venís a ver productos y a entenderlos, a probarlos de diferentes maneras, a jugar con tus sentidos”, nos dice Fernando Rivarola al abrir la puerta de El Baqueano, una casona con amplios ventanales en una esquina del tradicional barrio de San Telmo, en Buenos Aires. 

plato gastronomia

Por Diana Silva

La cocina está tranquila, el equipo se prepara para el servicio y él se dispone a conversar con WineStyle Travel, dos días después de haber logrado el lugar 19 en los 50 Best Latam, un ranking que desde su punto de vista, ha venido a dar mayor visibilidad al proceso gastronómico de la región.

Hace 10 años, Fernando Rivarola llegó a Buenos Aires con El Baqueano -en su web descrito como “un hombre que en oportunidades busca, rastrea, acompaña, conoce, entiende y se mimetiza con la tierra… Come, se nutre, respeta la tierra”– después de haber trabajado en Europa durante varios años.

Su convicción de construir un proyecto de cocina autóctona partía de catalogar lo que había en Argentina, porque “en 2007 la única propuesta que estaba trabajando lo autóctono era Martín Molteni con Puratierra. Él fue uno de los pioneros y ya trabajaba, por ejemplo, carne de llama con esta visión regional”.

Diez años después, en El Baqueano hacen cocina autóctona contemporánea, trabajando productos de las diferentes regiones de Argentina con técnicas contemporáneas aprendidas en Europa. Su talento le ha valido el lugar 19 en la lista de Latin America’s 50 Best restaurants 2017. 

Hoy todavía hay un cuestionamiento de que no hacemos cocina argentina, pero si soy argentino, estoy en Argentina y trabajo con productos de productores argentinos, decime ¿en qué parte no hago cocina argentina?”, ilustra Fernando, al explicar por qué en su menú no ofrece preparaciones típicas del país.

“A mí me da un poco más de miedo agarrar un locro (guiso tradicional de la Cordillera de los Andes) y reversionarlo para hacerlo contemporáneo, que jugarme por una identidad distinta, descubrir algo nuevo con productos locales, sobre todo productos que no están muy trabajados… Nuestra idea es aprender, que los chicos del equipo aprendan con nosotros, que los clientes coman rico, lo pasen bien y aprendan también si quieren”.


“SI SOY ARGENTINO, ESTOY EN ARGENTINA Y TRABAJO CON PRODUCTOS DE PRODUCTORES ARGENTINOS, DECIME ¿EN QUÉ PARTE NO HAGO COCINA ARGENTINA?”


Cocina sin Fronteras

Sin embargo, este hincapié en la escena local dio paso a un enorme interés de Fernando en el movimiento gastronómico que se desarrolla en todo el continente. Cocina Sin Fronteras surgió con el objetivo de mostrar que los argentinos no son tan distintos al resto de Latinoamérica, “vos ves el continente americano y los argentinos estamos tan al sur que la gente se pregunta qué somos… Empezó con nuestros viajes, conociendo cocineros, productores, haciendo un pop up, porque en ese momento acá no teníamos ferias, no pasaba nada”.

En 2011, El Baqueano estaba de moda en Brasil, por un periodista brasileño que comió y publicó un artículo, poco después los invitaron a cocinar allá y a un congreso de gastronomía organizado por el diario Estadão, donde conocieron a Alex Atala, “y él a su vez nos presenta a otros cocineros, como Rodrigo Oliveira y Thiago Castanho. Fue una emoción porque nos sentíamos como en la película Monsters Inc., donde abres una puerta y es otro mundo. Nadie nos había contado que había congresos de divulgación gastronómica”.

Poco después, Fernando y su esposa conversaron sobre la idea de generar un movimiento similar en Argentina. El nombre fue lo primero que salió, entonces Fernando decidió avanzar escribiéndole a quince referentes de Latinoamérica, con la convicción de que si recibía respuesta de todos, Cocina Sin Fronteras sería posible.

“Le escribo a Virgilio Martínez, a Rodrigo Oliveira, a Thiago Castanho, a Alberto Landgraf, a Alex, a Pedro Miguel Schiaffino, entre otros. Y todos me responden que sí, que sabían lo que estábamos haciendo acá, que les encantaba la idea porque hasta ese momento no había ninguna especie de intercambio. Rodrigo me dijo ‘yo quiero ser el primero’ y a Alex Atala le propusimos ser el padrino del proyecto y aceptó”.

Este espacio de intercambio que empezó como una invitación a cocineros nacionales e internacionales para cocinar en Buenos Aires y generar material audiovisual para mostrar en los congresos, pero también implicó recorrer Latinoamérica para mostrar la cocina argentina, “con orgullo y humildad” destaca Fernando en el recuento. “Estamos condicionados por dos grandes ecosistemas: la Cordillera de los Andes y la Amazonia, eso es lo que define toda nuestra cocina. A los argentinos el Amazonas nos deja un poco afuera, pero es innegable el poder y la influencia que tiene sobre los otros ecosistemas… Acá tenemos pescados muy parecidos a los de la Amazonía”, me explica.

“En los últimos dos años participamos en un congreso de sostenibilidad Amazónica para entender lo que pasa dentro del Amazonas y extrapolar experiencias”. El objetivo es encontrar formas de ayudar a las comunidades locales sin generar una influencia externa que termine afectándolos negativamente, “mi trabajo como cocinero argentino es intentar encontrar la conexión de Argentina con la Amazonía y, si hay algún producto de la Amazonía que se puede exponer y promocionar a través de la gastronomía, bienvenido sea”.

Las carnes de caza no siempre se sirven con vino tinto

Y, ante tanta diversidad, ¿qué es lo que come Fernando Rivarola? “Conmigo no se salva ninguna especie del reino animal ni vegetal porque estuve expuesto a una diversidad de carnes desde chico. Para mí era normal que las milanesas fueran de caballo, no de vaca… Me acuerdo la primera vez que trajeron un ñandú, un bicho todo apretujado en el baúl tirando plumas. Después lo cocinaban y muchas veces no nos decían qué era hasta después de comerlo”.

Ante la consulta de qué comería en El Baqueano si no fuera el dueño, la sorpresa se refleja en su rostro, para luego dar paso a una gran sonrisa, “nunca lo había pensado, hace poco vinieron unos amigos y me senté a comer con ellos. Me sorprendió lo rico que estaba todo el conjunto… Eso sí, el crudo de llama me parece que es un platazo”.


“ME ENCANTA QUE HAYA VINOS BLANCOS Y QUE LA GENTE CUESTIONE ‘LAS CARNES DE CAZA LLEVAN TINTO’”.


restaurante el baqueano

Gabriela, sommelier y copropietaria del restaurante, se acerca a la conversación, pero deja que sea él quien también cuente el lugar que ocupa el vino, en El Baqueano y en sus vidas. Llama la atención que de siete u ocho vinos que están en el menú, por lo menos seis son blancos, cuando él mismo asegura haber sido el típico prejuicioso que creía que el blanco era un vino que no servía para comer, aunque hoy “me encanta que haya vinos blancos y que la gente cuestione ‘las carnes de caza llevan tinto’. Lo hemos desmitificado completamente, por un análisis degustativo te puedo asegurar que el noventa por ciento de las carnes van con vinos blancos. Lo que sí influye mucho es la salsa o el acompañamiento”.

Ambos comparten la pasión por los vinos de Alemania y Francia, pero hacen especial mención a recientes descubrimientos que hicieron de Nueva Zelanda y Chile y a pequeños proyectos locales que cada vez más trabajan con cepas blancas.

Se acerca la hora de abrir el restaurante y los ruidos y aromas de la cocina se intensifican, también el entusiasmo del equipo, multicultural, comprometido y curioso, como la experiencia que Fernando y Gabriela han logrado adquirir después de años de intercambios, viajes y mucho trabajo.

“Lo que a nosotros nos interesa es que cada día exista un ámbito de mayor pluralidad. Si queremos cambiar la gastronomía de nuestro país, no va a ser a través de cocinar platos sino de visibilizar a los pequeños productores y a la microeconomía del país. Que exista no el cocinero estrella sino el productor estrella”. Y entonces comienza nuevamente la batalla de educar y sorprender a los comensales, un plato y una copa de vino a la vez.

Si quieres saber más sobre maridajes, te recomendamos leer esta entrevista al sommelier Ferran Centelles, autor del libro “Qué vino con este pato” que recibió el prestigioso Gourmand Awards en la categoría de World’s Best in Food and Wine.

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plato el baqueano

Llegar a The Vines of Mendoza Resort & Spa es dejarse seducir por el paisaje. Los Andes predominan imponentes frente a una finca nueva y rodeada de más de 600 hectáreas de viñedos. Y aunque las uvas y los vinos son nuestro motor, no podemos dejar de admirar esos Andes que, de lejos, susurran al oído y te absorben sin darte cuenta.

Por Glòria Vallès

Atardecer, amanecer, a pleno sol… cualquier momento del día es el ideal para disfrutar de este lugar espectacular que es The Vines of Mendoza.

El Resort The Vines, miembro de la prestigiosa cadena The Leading hotels of the World, se asenta en lo que era antes el desierto del Valle de Uco.

Un milagro que hoy es fértil y ofrece frutos de la tierra, gracias en parte al sistema de conducción de aguas que los Incas empezaron a construir para desviar las aguas del deshielo de los Andes.

The Vines of Mendoza ofrece clases de yoga, vuelos en helicóptero, tratamientos de belleza y relajación, bañera de hidromasaje entre viñedos, cenas románticas al aire libre, catas de vino y, lo más original que hemos visto hasta ahora: la posibilidad de comprar varias hectáreas de viñedo y elaborar aquí tus propios vinos.

Pero si algo llama la atención de The Vines of Mendoza es el restaurante regentado por el archiconocido chef Francis Mallman, el artista del fuego y la cocina al aire libre.

Francis Mallman, que ha lo largo de su vida ha tenido gran influencia de la cultura de la Patagonia, y ha crecido fascinado por las posibilidades que ofrece el fuego en distintas formas de cocción, trae a The Vines of Mendoza siete formas de cocinar al fuego. Siete Fuegos. Literalmente. En el restaurante de The Vines of Mendoza se puede cocinar con siete fuegos diferentes, todos ellos al aire libre.


EN SIETE FUEGOS LA COCCIÓN CON FUEGO SE HACE CON PRECISIÓN, DELICADEZA Y GRAN CREATIVIDAD


Francis Mallman elabora aquí sus platos exactamente con siete tipos de fuego diferentes, lo que convierten a cualquier asado argentino en un juego de niños. En Siete Fuegos la cocción al fuego es con precisión, delicadeza y gran creatividad.

De la magia de la gastronomía a la magia del entorno en The Vines

Tras la cena en el restaurante, nos alojamos en una de las Villas de The Vines – preferiblemente las que tienen vistas a Los Andes -, y disfrutamos del arte de vivir del argentino.

Amplios espacios decorados con alfombras y almohadas de piel, todos siguiendo un exquisito gusto por las tonalidades neutras. Piedra, piel y madera convierten la estancia en un placer acogedor, y transforman el interior y el exterior de la Villa en una conversación constante, casi en un susurro que nos obliga a desconectar y dejarnos llevar.

Nos sentimos como en casa, en un lugar realmente espectacular donde la Cordillera de los Andes es omnipresentes.

Vinos de más de 190 propietarios

La bodega de The Vines no es un lugar donde, como en tantos otros, te ofrecen botellas etiquetadas. En The Vines of Mendoza, más de 190 propietarios de parcelas elaboran vinos a su gusto, junto con los enólogos de la casa.

Micro vinificaciones con un mínimo de 300 litros por propietario hasta lo que el cliente decida. Ni hace falta decir que aquí las vendimias más que un reto son un puzzle de millones de piezas, en el que todo debe encajar a la perfección para que cada botella lleve la etiqueta y el vino de su propietario sin margen de error.

Para ser propietario de la tierra los precios comienzan a partir de 100,000 $ por 0’4 hectáreas de viñedo plantado a medida y 130,000 $ para viñedos que ya están en producción. El precio incluye título y escrituración del viñedo, consultoría con el enólogo Santiago Achaval, proceso de vinificación personalizado en viñedo, servicio de venta de excedentes de uva y 50% de descuento para 3 noches de alojamiento al año en el Resort.

Toda una propuesta pensada en gran medida para los clientes de Estados Unidos, aunque también hay propietarios de otros países en estos momentos.

Si te alojas en The Vines pero no tienes pensado elaborar tu propio vinos, puedes aprovechar la estancia para visitar otras bodegas fantásticas en la región, como  Clos de los Siete o Casa El Enemigo.

¿Y quién fundó este lugar, en medio del desierto del Valle de Uco?

En el año 2005, Pablo Giménez Riili y Michael Evans reconocieron el enorme potencial del Valle de Uco, en Mendoza, y decidieron crear un proyecto innovador en la región. Fue entonces que, con el deseo de ayudar a los amantes del vino a alcanzar su sueño de ser dueños de su propio viñedo y elaborar vinos de alta gama, fundaron The Vines of Mendoza.

The Vines es una empresa de origen americano con sede en Argentina, combina lo mejor de ambos mundos: el conocimiento local del terroir y de las técnicas de vinicación, y el rigor y la excelencia de las prácticas comerciales americanas.

Sin duda The Vines of Mendoza es el lugar donde me quedaría a vivir por temporadas largas. Está lo suficientemente aislado y lo suficientemente conectado con el mundo a la vez, como para que puedas sentir la fuerza de la Naturaleza a la vez que disfrutas de una clase de Yoga con vistas a los Andes, y una copa de vino sin prisa al atardecer.

Si quieres viajar a Mendoza escríbenos a hola@winestyletravel.com y te diremos quien puede organizar tu mejor viaje gastronómico a la región. 

Tarde de primavera en Mendoza, calidez en el aire, una copa de vino tinto en la mano y vistas a los Andes. ¿Qué más se puede pedir? Pues ya que nos lo preguntan, pediríamos un tratamiento de vinoterapia en el Spa del hotel Cavas Wine Lodge. Ese sería el detalle que acabaría de convertir este momento en perfección.

Por Glòria Vallès

Cavas Wine Lodge es un precioso hotel familiar considerado uno de los mejores hoteles del mundo por la revista Travel + Leisure y miembro de la firma Relais & Chateaux.

Y no es para menos. Sus lujosos bungalows entre viñedos hacen de la estancia toda una experiencia. El paisaje incluye casi como una postal la vista a los Andes, la montaña que separa Argentina de Chile, no sólo físicamente sino también y por alguna casualidad o mística, de manera espiritual.

Desde Cavas Wine Lodge es fácil visitar la región de Mendoza, la zona vinícola más conocida de Argentina, donde se producen algunos de los mejores Malbec.

La uva Malbec es hoy una institución nacional desde que el productor Ricardo Santos empezó a exportar esta variedad al resto del mundo.

Si estamos en Mendoza no podemos dejar de pasear por sus viñedos en bicicleta, a caballo o con un chofer que nos permita degustar los vinos sin pensar en la carretera. Además, bodegas como Casa el Enemigo o Clos de los Siete son visitas de altísima calidad.

Recomendamos también reservar un día para ir hasta el Parque del Aconcagua y el Puente del Inca, para después volver al hotel y relajarse disfrutando de la gastronomía en la terraza del restaurante.

Lo hemos visto, lo hemos disfrutado y lo recomendamos. Y si te animas, aquí podrás ver nuestro viaje a medida a Argentina.

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habitación cavas wine lodge

Hay que venir hasta el Valle de Uco para comprender por qué cuando llegas aquí, te enamoras del lugar. Esa es la parte romántica de plantar viñedo en el sur de Mendoza, en Argentina. La explicación más técnica sería la altitud de 1,200 metros y las temperaturas extremas con grandes cambios de día y noche.

Por Glòria Vallès

Además de la altitud, un ambiente seco y con poca lluvia, y la exposición permanente al sol de los viñedos plantados en orientación sur/suroeste, favorecen el cultivo de la vid. Clos de los Siete incluye 850 hectáreas de viñedos en Vista Flores, Tunuyán, 120 km al sur de la ciudad de Mendoza. Una propiedad con un microclima ideal para no tener que preocuparse en exceso de la maduración precipitada debido al cambio climático, y de las contaminaciones por hongos en el viñedo debido a la humedad.

Pero sí, volvamos al sueño porque son los sueños los que nos mueven en la vida, los que nos hacen sentir y tomar decisiones arriesgadas. El prestigioso enólogo Michel Rolland, originario de Burdeos, tomó una de esas decisiones junto a otros nombres de alto nivel en la viticultura francesa, y entre todos crearon Clos de los Siete.

Entre los socios del proyecto se encuentra Laurent Dassault, propietario entre otras empresas de Mirage, líder en el sector de la aviación; Jean Guy Cuvelier heredero de una familia de Burdeos con más de 100 años de tradición vitivinícola y propietario en Mendoza de Cuvelier los Andes; y Catherine Pére-Vergé, propietaria de Chateau Le Gay en Burdeos, quien creó la bodega Monteviejo. Finalmente, Jean- Jacques Bonnie, propietario de Chateau Malartic Lagraviere, abrió DiamAndes.

En Clos de los Siete actualmente hay cuatro bodegas y un vino en común: el Clos de los Siete, elaborado con las mejores uvas de Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Petit Verdot de las cuatro bodegas. El 50% de la producción de todas ellas se destina a elaborar un ícono de gran reconocimiento mundial: el vino Clos de los Siete, marca con la que el flying winemaker más famoso del mundo, Michel Rolland, apostó por plantar viñedo en Mendoza, Argentina.

MICHEL ROLLAND FUE UNO DE LOS PRIMEROS EN APOSTAR POR ELABORAR VINOS DE CALIDAD EN ARGENTINA, DONDE TIENE SU PROPIA BODEGA, ROLLAND WINES, DENTRO DEL PROYECTO CLOS DE LOS SIETE

“Discutirán las formas, pero no el fondo. Sospecharán de sus motivaciones, pero no de sus logros. Criticarán su estilo, pero no su éxito”. Así comienza la entrevista que Andrea del Río, editora de Clase Ejecutiva (revista lifestyle líder en Argentina) le hizo a Michell Roland para celebrar los 30 años de su proyecto en Mendoza. Y es que el enólogo tiene amantes y detractores en todo el mundo, pero si algo es evidente, es que su forma de ser y trabajar lo han llevado al éxito profesional.

En concreto, Michel Rolland fue uno de los primeros en apostar por elaborar vinos de calidad en Argentina, donde tiene su propia bodega Rolland Wines. Y Clos de los Siete es hoy un referente internacional de la región. “En Rolland Wines elaboramos también otros vinos, de los que solamente se producen 1,500 botellas de cada vino”, nos cuenta José Seballe, Hospitality Manager de la firma, “por ello muchos clientes los compran directamente aquí y se los llevan a sus países”.

Otras marcas nacen del mismo entorno y proyecto Clos de los Siete, pero con enólogos distintos:

DiamAndes, propiedad de la familia Bonnie, quien tiene el reconocido Château Malartic-Lagravière (Grand Cru Classé de Graves) y del Château Gazin Rocquencourt (Pessac- Léognan) en Burdeos. Destaca su Grande Reserve elaborado mayoritariamente con malbec y completado con el clásico cabernet sauvignon. De estilo afrancesado – como todo el proyecto de Clos de los Siete -, es intenso y elegante. De las cuatro bodegas, seguramente la más impactante de visitar. Aún así, nuestra preferencia durante la cata ha sido el Viognier 2016, elaborado con las mismas técnicas que los vinos blancos de Graves.

Monteviejo, liderada por la familia de Catherine Père Vergé desde finales de los años 90, esta bodega destaca no solamente por sus excelentes vinos, sino por el proyecto enoturístico que incluye un restaurante con la chef Nada Harón, de orígenes españoles e instalada en Mendoza desde hace 12 años. La gastronomía y las vistas son el complemento ideal para disfrutar de una visita a esta bodega.

Cuvelier de los Andes, conocido por elaborar un 100% Malbec que representa todos los valores de la Argentina, el Grand Malbec, con 94 puntos Parker en su añada 2009.

“En toda la finca se riega por goteo y se controla la producción de la cantidad de uva”, comenta Seballe. “La idea de Clos de los Siete es trabajar de forma conjunta, para que las bodegas colaboren entre sí en la oferta de visitas y también dándose apoyo en la producción”.

No hay duda de que Clos de los Siete es un proyecto único en el mundo, que une los esfuerzos, la tradición y la experiencia de cuatro empresas bodegueras con ganas de posicionar Mendoza en el mundo del vino de alta calidad, y capacidad económica y profesional para lograrlo.

Comer en el restaurante Pura Tierra es mucho más que una experiencia gastronómica. Al prestar cuidadosa atención, los ingredientes presentes en cada plato revelan la identidad de un chef, de su equipo y del país al que representan.

Por Diana Silva

 

Una casona con entrada discreta. Un portón de madera que se abre para acoger a cincuenta comensales y hacerlos sentir casi como en casa. Es el escenario donde noche a noche, Martín Molteni y su equipo trascienden la acción de cocinar para desplegar una mezcla de historia, geografía, cultura y productos que alimenta a quienes los visitan. En Pura Tierra investigan, experimentan y crean platos que representan a la Argentina de norte a sur, privilegiando la estacionalidad e incorporando ocasionalmente ingredientes exóticos.

 


“NOS GUSTA QUE LOS PRODUCTOS MANTENGAN SU CARÁCTER” Martín Molteni


Molteni, dueño y chef, está orgulloso del trabajo de su equipo y de la madurez que ha alcanzado el restaurante -ha cumplido 10 años-. En sus inicios, Martín se fue a Australia a estudiar cocina, convencido de que el país no tenía nada que ofrecerle al mundo: “no supe apreciar lo que teníamos cuando era joven” recuerda. Volvió y, en su necesidad de establecer una identidad local, comenzó a investigar culturas y costumbres originarias, los productos autóctonos y cómo los usaban, para encontrar la raíz de la cocina argentina.

 

Un pejerrey curado, con vinagre, lima y jengibre, quinoa, emulsión de ají mirasol y brotes llega a nuestra mesa a sorprendernos. Le sigue una molleja con miel de caña acompañada de papas crocantes y en puré, además de papa azul.

 

“Nos gusta que los productos mantengan su carácter” comenta el chef Molteni, “nosotros queremos interpretar lo que nos pasa con ellos para luego llevar eso al plato”. Esa interpretación los lleva a sostener una relación muy estrecha con los productores, a los que también dan formación, pues están convencidos de que a mayor cantidad y mejor calidad de productores y productos también habrá mayor posibilidad de matices y texturas.

 

La poesía que despliega la cocina de Pura Tierra alcanza su máxima expresión en el tercer plato, un cordero en cocción larga con pickle de cebolla, polenta blanca y espárrago, sabores que pueden ser más o menos potentes por separado, pero que juntos logran complementariedad y destacan al cordero, que se deshace al tocarlo con el tenedor.

 

La noche se acerca a su fin; un mousse de chocolate con lluvia de cacao amargo y toques de frutos rojos es el cierre. Mientras lo pruebo, recuerdo las últimas palabras que dijo Martín Molteni antes de despedirse y volver a la cocina: “en Pura Tierra amamos dar placer”. Estos cuatro platos han sido una irrefutable prueba de eso.

 

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Vinos con personalidad propia en una Mendoza, Argentina, dominada por la variedad Malbec.

Por Diana Silva

El encanto de dejarme llevar por la ciudad me empujó a una vinoteca tan famosa como escondida, donde se presentó una nueva línea de vinos que juega la cepa característica de Argentina: el Malbec.

Flâneur (Charles Baudelaire) Significa ‘paseante’, ‘callejero’, su actividad es vagar por las calles, callejear sin rumbo, sin objetivo, abierto a todas las vicisitudes y las impresiones que le salen al paso.

En el país del Malbec, es una sorpresa encontrar nuevos productores que se atrevan a irrumpir en el mercado. Hay que estar muy seguro de que el o los productos son realmente capaces de competir contra etiquetas arraigadas y respetadas pero, además, hace falta atraer la atención del consumidor para luego ganar su confianza.


EL ÚLTIMO DE SUS PRODUCTOS ES UN ROSADO RADIANTE, QUE GRITA ROSADO DESDE LA BOTELLA 


Silvina y Hernán tienen la experiencia. Han comercializado vinos durante 14 años con Wine Marchands y sus proyectos son muy específicos, “vinos con corazón, con un gran futuro por delante y alta calidad” dicen casi al unísono. En diciembre del 2013 compraron 4 hectáreas en Lujan de Cuyo junto a otros amigos y empezaron a delinear su siguiente paso. La sensibilidad histórica y el aspecto curatorial de Silvina -quien es licenciada en Historia del Arte- fueron fundamentales para crear el concepto de Flâneur.

“Todos nuestros vinos tienen una impronta personal, además de un balance entre conocimiento de mercado y poesía”, explican, como hablando de verdaderas obras de arte, “el espumante muestra fidelidad con el terroir, queríamos algo 100% de nuestra tierra y muy gustoso. Con Flâneur 970 hicimos lo mismo, malbec 100% de nuestra tierra”. En el proceso surgió el concepto de Single Vineyard y para mostrar los perfiles compraron uvas de otro viñedo, “cosechadas, vinificadas y tratadas el mismo día, en el mismo lugar y con las mismas posibilidades, así surgió Flâneur 1170”. El último de sus productos es un rosado radiante, que grita verano desde la botella, “el Flâneur Rosado fue una locura del momento, nos parecía divertido hacer algo dulce y estamos muy sorprendidos y orgullosos de él”, asegura sonriente Silvina.

Sumar al mercado dos nuevos Malbecs puede parecer una jugada arriesgada, pero no estamos ante un proyecto convencional. Flâneur 970 2014 indica la altura de su viñedo en Perdriel, es producto de su primera cosecha como dueños y presenta muchos aromas a frutos rojos y negros, taninos suaves y redondos, una excelente acidez y leves aportes de vainilla que le proporcionaron 12 meses en roble francés. Su gemelo, el Flâneur 1170 2014, proviene de Gualtallary, una región cuya cosecha 2014 fue excelente. Con los mismos 12 meses en roble francés, expone aromas a frutas maduras, color y sabor muy concentrado y una acidez muy equilibrada, un ejemplar fiel de la expresión de este terroir.

El cambio es una constante y, en el mundo del vino, no es una excepción. Silvina y Hernán perciben las nuevas tendencias con olfato experto y optimismo. “Por un lado, los nuevos puntos de venta -vinotecas cerradas, librerías vinotecas- promueven y convocan nuevos clientes. Por otro, el consumidor se encuentra en busca de proyectos nuevos, joyas que estén en crecimiento, productores que los hagan volver al mundo romántico de la tierra, de la pequeña producción y de la labor cercana. Ellos le dan al vino una historia, una identidad”. Y a mí me dan la impresión de que en esa última frase se describen sin querer, mientras el concepto de Flâneur se desprende de la botella y se va conmigo, a recorrer otra vez las calles de Buenos Aires.

El informe Shaping the Future of Luxury 2030 afirma que las experiencias hoy son la clave de la industria del turismo de lujo. Los empresarios hoteleros están al tanto de esto y atienden las expectativas individuales, además de apelar a aspectos emocionales, para ofrecer momentos que el dinero puede comprar solo para pocos. Estos diez alojamientos elegidos en Argentina garantizan una experiencia holística, una conexión real con la cultura local y el entorno natural, y la posibilidad de personalizar todos los detalles.

Por Diana Silva Franco

 

1. Correntoso Lake & River Hotel (Villa La Angostura, Neuquén)

Un hotel fundado a principios del siglo pasado como refugio de montaña para los pioneros que se aventuraban en la patagonia argentina, hoy destaca por sus modernas habitaciones con vistas panorámicas a la Cordillera de Los Andes. El Herbal Hammam y Spa es ideal para disfrutar de tratamientos especializados, del ritual del Hammam o de una clase de yoga matutina. Cuatro propuestas gastronómicas, que parte de la informalidad en Puerto Correntoso hasta la amplia oferta de más de 200 etiquetas en el Wine Bar, exponen a los huéspedes a los mejores sabores nacionales y regionales.

2. The Vines Hotel & Spa (Valle de Uco, Mendoza)

Ubicado en el terroir más reconocido y alabado de Argentina: el Valle de Uco, la infraestructura del hotel acoge 22 villas que combinan rústica elegancia y confort, con una distribución que aprovecha al máximo las espléndidas vistas a la Cordillera de Los Andes y los viñedos. Atrae por razones gastronómicas y enológicas. El restaurante Siete Fuegos propone sabores rústicos inspirados en la cocina regional creados por el legendario chef Francis Mallmann y, de la mano de Santiago Achával, es posible cosechar uvas o embarcarse en la maravillosa experiencia de la producción de vino.

hotel en mendoza

3. El Casco Art Hotel (San Carlos de Bariloche, Río Negro)

El primer hotel dedicado al arte en el país, tiene más de 400 obras maestras de los mejores artistas argentinos y dedica cada una de sus 33 habitaciones a un artista. Su restaurante gourmet El Casco se apoya en ingredientes y sabores locales para garantizar al visitante una experiencia de altura y auténtica. Catas de vino en el Wine Bar y una oferta que supera las 600 etiquetas nacionales complementan una estadía gourmet.

4. CasaSur Hotel Recoleta (Recoleta, Buenos Aires)

Atención personalizada y ubicación estratégica son las cartas de presentación este hotel de 36 habitaciones, que se destacan por la luz natural que ingresa desde sus balcones. Comer en el restaurante Bengal byCasaSur, disfrutar de una degustación de vinos o relajarse con los tratamientos del Spa son algunas de las alternativas que ofrece el hotel, después de un largo día o antes de salir a vibrar con la vida nocturna de la ciudad.

hotel casa sur

5. Four Seasons (Barrio Norte, Buenos Aires)

Una recepción bañada en el azul profundo del ágata anticipa una de las experiencias de lujo más exclusivas de la ciudad. Funciona en dos estructuras: una torre contemporánea y la mansión Belle Epoque, separadas por una piscina climatizada al aire libre que permite a los visitantes nadar, incluso durante el invierno austral. 138 habitaciones y 27 suites, spa, gimnasio y un centro de negocios completan la oferta de servicios. Sus restaurantes Elena y Nuestro Secreto garantizan una inmersión en la gastronomía local, mientras que el bar Pony Line -favorito de los porteños- ofrece tragos de autor y clásicos en un ambiente vivaz.

6. Park Hyatt Palacio Duhau (Recoleta, Buenos Aires)

Aquí se respira arte, en sus espacios comunes, en las 165 habitaciones y en la galería que une al antiguo palacio francés con el edificio contemporáneo y promueve el trabajo de artistas argentinos. Su imponente jardín es escenario de eventos como el Park Hyatt Masters of Food and Wine y atravesándolo se accede a los restaurantes Gioia y Piano Nobile. Las degustaciones de vinos y quesos en el Duhau Restaurante y Vinoteca son un must, también disfrutar de un cóctel y un habano de la amplia colección del Oak Bar. ¿Una curiosidad? El hotel tiene una floristería in-house que se ocupa de sus delicados arreglos y de atender requerimientos de los huéspedes.

7. Club Tapiz (Maipú, Mendoza)

Dormir entre viñedos, el sueño de todo winelover, se realiza en Club Tapiz. Rodeada por 14 hectáreas de viñedos y olivos se eleva una finca con siete habitaciones lujosamente equipadas, declarada Patrimonio Histórico, Arquitectónico y Turístico local y cuyas prácticas sostenibles han obtenido reconocimientos internacionales. El restaurante Club Tapiz Hotel & Restó -donde se pueden recibir clases de cocina regional- trabaja con productos de su huerta y fincas propias, y en la bodega Tapiz, la planta olivícola y la cava de espumantes se realizan degustaciones.

hotel club tapiz

8. Patios de Cafayate (Cafayate, Salta)

El estilo colonial de su arquitectura -que acoge 31 habitaciones con mobiliario de época- y de los antiguos patios impacta tanto como la vista espectacular de los viñedos de Bodega El Esteco. La filosofía de su WineSpa es “promover la relajación, el placer y el rejuvenecimiento aplicando tratamientos basados en la cultura y la riqueza tradicional de los Valles Calchaquíes”. En su restaurante La Rosa es posible disfrutar de una cocina que fusiona sabores autóctonos e internacionales, siempre maridados con exquisitos vinos locales.

PATIOS DE CAFAYATE HOTEL

9. Alvear Palace (Recoleta, Buenos Aires)

La Reina de los Países Bajos, la Familia Imperial de Japón, el Príncipe Carlos de Inglaterra y el Rey Felipe de España han sido huéspedes en este edificio Belle Epoque. Son 191 habitaciones decoradas en estilo Imperio y Luis XV, y una amplia variedad de servicios -destaca el Alvear Spa and Fitness Center, que cuenta servicio de té con exclusivos blends, y amenities de Hermès de París. La experiencia se complementa con 7 espacios gastronómicos: el Lobby Bar y el Champagne Bar, La Cave y La Taste Vins que concentran las actividades enológicas, L’Orangerie y el Jardín D’Hiver donde se sirven el famoso Té del Alvear y el sunday brunch, y La Bourgogne, restaurante ícono del hotel dedicado la cocina francesa.

hotel alvear palace

10. Los Cauquenes (Ushuaia, Tierra del Fuego)

Llegar al fin del mundo es una experiencia mágica y este resort de lujo, construido a orillas del Canal Beagle y con la Cordillera de los Andes a sus espaldas, lo demuestra. Sus instalaciones incluyen 54 habitaciones, 2 Senior Suite y 3 Junior Suite, un Spa con piscina in/out, hidromasajes, sauna y gimnasio, además de una atractiva oferta gastronómica que hace hincapié en productos locales. El hotel propone diversas experiencias personalizables: desde una clase de cocina patagónica o navegación por el Canal Beagle con cena, hasta una expedición por la Bahía Lapataia o trekking en el Glaciar Martial.

hotel los cauquenes

“Mis vinos son productos que te hacen recordar más al viñedo que a la bodega, son vinos frutales, casi comestibles”.

Por Diana Silva Franco

Entre las cosas mágicas que tiene Buenos Aires, destacan los asados. En sus mesas se mezclan personajes de distinto calibre que a veces, incluso sorprenden compartiendo un vino de su mejor añada sin pretensiones de reconocimiento o aplausos.

El 2016 me encontró en una cena con Ricardo Santos, “El señor del Malbec”, el argentino responsable de la primera exportación de la reconocida cepa a Estados Unidos en 1972 y mente maestra de la Bodega Norton -propiedad de su familia hasta 1989. Tras la venta de la bodega, Santos compró un viñedo en Russell, Maipú, Mendoza, para continuar haciendo lo que hizo toda su vida: producir vinos de la más alta calidad comparables con los mejores del mundo.

Al día de hoy, conversar sobre los más variados tópicos con Ricardo Santos es garantía no solo de afirmaciones contundentes sino de una comprensión más amplia de la industria, el consumidor y las necesidades presentes y futuras del negocio del vino.

Mientras disfrutábamos de su reconocido Malbec cosecha 2000 -el mejor de su bodega según varios críticos- inicié la entrevista preguntándole sobre el dominio del Malbec a nivel local.

¿El Malbec continúa reinando o eso está cambiando?

Las importaciones de vino argentino representan entre un tres y un cinco por ciento en el mundo y de eso, solo un poco más de la mitad es de Malbec. Cuando alguien me dice que hay que buscar una solución para diversificar las exportaciones pienso ‘¡Si la gente ni sabe lo que es Malbec!, ¿cómo vamos a buscar otra cosa?’. Decir que el malbec cumplió ya una etapa es un disparate, no pueden pretender que de un día para el otro los Bonarda o Torrontés se posicionen, porque todavía estamos en un 2% de las importaciones mundiales con el Malbec, ¿se dan cuenta de todo lo que queda por hacer?

¿Hace cuántos años se empezó a trabajar sobre el Malbec?

Nosotros en bodega Norton hicimos la primera exportación como varietal a Estados Unidos, un malbec del año 71, por elección del importador que vino y dijo “quiero llevarme este vino”. Digamos que ahí empezamos -había un montón de gente haciendo lo mismo- pero en los 80 empezó a aparecer el Malbec en el mundo.

Y produce Semillón también, una cepa que no es tan frecuente en Argentina…

Hace 30 años atrás, el 80 o 90 por ciento de los vinos blancos que se hacían en la Argentina eran semillón. Después se pusieron de moda el Chardonnay y el Sauvignon Blanc y, esto es absolutamente personal, ambas cepas son excesivamente aromáticas, algo que yo disfruto un día de calor en el jardín, pero no acompañan ninguna comida.

Con mis hijos un día dijimos ‘Che, ¿y si volvemos al semillón?’ y Roberto Azaretto que figura en la etiqueta como dueño del viñedo, amigo al que le comprábamos la uva, fue quien empezó a ver una movilización hacia el semillón, hacia el chenin, vinos que son afrutados, de buen peso, que además produce muy buenos vinos dulces.

¿Sus hijos hacen otros vinos?

Ellos y otros socios, hacen la línea Tercos -Sangiovese, Malbec, Bonarda, Torrontés y Cabernet Sauvignon- y después hacen algunos vinos para terceros, pero se mantienen dentro del estilo de Ricardo Santos: mis vinos son productos que te hacen recordar más al viñedo que a la bodega, son vinos frutales, casi comestibles. En cuanto al roble, es una cosa espléndida, siempre y cuando no digas “esto tiene roble”, cuando llega a eso está saborizado, es el resultado de alguien que no sabe hacer vinos y necesita ponerle algo más para esconder sus defectos.


UNA VEZ JANCIS ROBINSON ME PREGUNTÓ: “RICARDO, CÓMO SE AÑEJA TU VINO?” Y YO LE CONTESTÉ “¿PARA QUÉ?”, ELLA ME RESPONDIÓ “TOUCHÉ”. 


¿Cree en los críticos?

Sí, son necesarios. Una de las cosas más importantes que hace es introducir a aquellos que todavía no se sienten seguros en el vino. El tipo que ya eligió a lo mejor hasta se ríe de una crítica. Pero para otros, el crítico es como la frazada del bebé, los hace sentir seguros. Eso sí, toda crítica es subjetiva.

¿Y qué vino le gusta a Ricardo Santos?

Yo te voy a contar una anécdota: Jancis Robinson escribió en la revista Decanter una vez, hace muchos años, que la habían invitado a comer unos amigos y había acompañado esa comida con un vino blanco francés espectacular, lo mejor que pudo haber en esa copa, en ese momento. Un par de meses después recibe una carta del correo de lectores que decía que ella le hizo horribles críticas a ese vino y ella contestó que efectivamente era así, pero que una cosa es una crítica o una degustación de vinos y otra cosa es acompañar una excelente comida con grandes amigos y, en ese momento, no había mejor vino que ese que estaba tomando.

Qué es lo que a mí me gusta… Depende del momento, depende de la compañía. Yo no creo en maridajes, en que un tipo me diga qué es lo que yo tengo que comer o tomar. ¿Hasta dónde le importa eso al consumidor? Sí, lo escuchan o leen y se sorprenden, pero si no les gusta el vino…ahí se termina todo.

PHOTO CREDIT: @Pablo Zuazo

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