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Crónica de una resurrección anunciada.

Por Rafa Moreno

Penedés, una tierra única. El recorrido vital de la sumoll constituye la analogía perfecta del devenir del Penedés a lo largo de la historia. Víctimas de diferentes contextos históricos, la sumoll y el Penedés, entendida como región de vino; reclaman para sí y de una vez por todas, su lugar en el Olimpo del Universo Vino.

Mientras la variedad se reivindica como óptima para la elaboración de vinos de calidad de la mano de jóvenes y arriesgados vignerons, la DO Penedés encarna una suerte de reinvención que pone de manifiesto que sus horizontes van mucho más allá de las burbujas de sus cavas o la punzante acidez de sus vinos blancos.

 


EN LA VASTÍSIMA HISTORIA DEL PENEDÉS SE HAN SUCEDIDO EPISODIOS QUE HACEN DE ESTA COMARCA UN FOCO DE CONTINUA REINVENCIÓN 


 

Al fin y al cabo, Plinio el Viejo ya comparaba a los tintos de la región con los mejores ejemplos de los viñedos del norte de Italia.


Entonces, ¿qué ha ocurrido para que percibamos al Penedés como tierra de blancos y cava?

Veámoslo:

El Penedès: Un jardín ampelográfico sujeto a una entropía paradójica

Ubicadas en el corazón de la Depresión Prelitoral catalana, al abrigo de la Cordillera Prelitoral y extendidas en pequeñas llanuras que abrazan la costa mediterránea, maduran las viñas del Penedés.

Como he comentado anteriormente, en la vastísima historia del Penedés se han sucedido episodios que hacen de esta comarca un foco de continua reinvención; siempre por la pura necesidad de subsistencia.

Podríamos decir que, al Penedés, nunca hasta hoy se le ha permitido Ser y/o expresarse desnudo y sin complejos ante el Mundo Vino.

Así, el veto holandés a los vinos de Francia durante el s. XVII tras una disputa comercial, supuso una revolución en los viñedos del Penedés, que veía como las producciones de vino blanco destinado a la destilación se multiplicaba de manera exponencial para hacer frente a esta nueva demanda. Las variedades tintas como la sumoll, aunque productivas, eran poco menos que un estorbo….

Pero el karma se antoja inevitable. Así, la filoxera dio al traste con todo el viñedo europeo. Era, quizás, la oportunidad para reordenar la viña y diferenciarse; generar una reputación sólida basada en la riqueza y diversidad varietal de una tierra atrapada entre mar y montaña.

Pero la neutralidad de España durante la I Guerra Mundial hizo que las bodegas y viticultores del Penedés reemprendieran el cultivo y producción de vino a granel para satisfacer la demanda que, principalmente los productores franceses e italianos no podían llevar a cabo.

La sumoll tendría que esperar. Eran tiempos de destilados y burbujas en Penedés.

Sin duda, otro punto de inflexión que relevó a nuestra protagonista al ostracismo se produjo durante los revolucionarios 70’. Nuevos nombres (Jean Leon, Miguel A. Torres o las familias Raventós y Ferrer), obedecieron a una nueva visión de la elaboración basada en la calidad. Para ello restauraron el jardín ampelográfico, renovaron métodos de elaboración y realizaron inversiones en pagos y fincas de calidad que, sin embargo, veían como el perfil de sus vides respondía a la tendencia de la época consistente en valorar especialmente a las variedades nobles internaciones.


NUEVOS NOMBRES (JEAN LEON, MIGUEL A. TORRES O LAS FAMILIAS RAVENTÓS Y FERRER OBEDECIERON A UNA NUEVA VISIÓN DE LA ELABORACIÓN BASADA EN LA CALIDAD.


 

Se generaba así la gran paradoja del Penedés. Si en los setenta los pioneros del sector implantaron variedades internacionales para la elaboración de vinos de calidad y poder competir así con el gigante francés; hoy, los nuevos viticultores miran al pasado y a su tierra, para de la mano de variedades autóctonas como la sumoll, encontrar su lugar diferencial en un mercado que padece los estragos de la globalización mediante una suerte de homogeneizació

mapa del Penedés

Miles Davis, el punk, Peter Pan, un gato callejero y caramelos “Kojak”. Hablamos de la sumoll en Penedés.

Anárquica, irreverente, rústica, genial. Nos encontramos ante una variedad que se significa, con mucho, como la de mayor personalidad del panorama tinto de la comarca. Una variedad que parece aferrarse a su juventud; una suerte de Peter Pan salvaje que reniega de su potencial evolutivo para vivir una adolescencia rebelde y eterna.

“Difícil de cultivar, difícil de vinificar, difícil de beber… si la cabernet sauvignon es Beethoven; la sumoll es Miles Davis”.

 Ton Colet, sommelier.

 

Al respecto, recuerdo una conversación con el viticultor y enólogo de Pardas Celler, Ramon Parera sobre la variedad:

“Pfffff [exhalación de resignación]…. es imposible. Hace lo que quiere. Es difícil predecir una buena o mala añada”.

 

Los vinos de la variedad se caracterizan por una insultante juventud vestida de ácida y provocativa fruta roja; indomable y nerviosa; que nos retrotrae (a los más talluditos) al recuerdo infantil de los caramelos “Kojak”, en una versión adulta y fermentada de un paladar, otrora olvidado entre mil sabores y una vida. Y la amamos por ello.

Una nariz que, pese a su intensidad media, obedece al espíritu varietal y exhibe notoria y desafiante.

En boca nos muestra su orgullosa personalidad “punk”. Se sabe y se quiere joven. Una explosión vital y ácida que no deja lugar a matices durante su marcado recorrido final. Y entonces quieres más…

Dos encarnaciones, dos vidas, dos elaboradores

Si os puede la curiosidad, tomad nota de estos ejemplos cargados de vida y esencia del Penedés:

sumoll Penedés Pardas

Pardas Sumoll 2012 (Rosado) – Celler Pardas

La bodega Pardas de Torrelavit se caracteriza por una viticultura plenamente orgánica, austera; dejando el protagonismo a la tierra y la vid.

Nos encontramos ante un rosado que reivindica a los de su clase con una personalidad arrolladora. Fruta roja mediterránea, fresca y viva en forma de cereza madura, granada y manzana roja que juegan con las notas más húmedas y sombrías de sotobosque.

Siempre presente, el recuerdo anisado tan propio de la variedad nos acompaña hasta un final amargo y seco que limpia la boca y enardece al corazón.

L’oblit 2015 – Esteve i Gibert viticultors

L’oblit es una pieza única que supone el primer intento de la bodega con la variedad.

Envejecido en barrica de castaño, es, posiblemente, uno de los sumoll más redondos y carnosos de la comarca.

Una exclamación e intensidad vital de frutos rojos que, sin embargo, se cimenta en las clásicas notas anisadas y húmedas de la variedad.

 

Ámala u ódiala. A ella le es completamente indiferente. No lo pone fácil, pero, sea como sea volverás a buscar el calor de su espíritu irreverente. Como un gato callejero, ella toma el mando y tú buscas su cariño. Y lo sabe.

Espíritus rebeldes y paladares aventureros, he aquí vuestra variedad. Querida sumoll, aquí unos amigos.

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Copyright fotos: DO Penedés, Enoturisme Penedés, Pardas, Esteve i Gibert Viticultors

sumoll Penedés

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