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Cada planta tiene su propio ciclo, desde que nace hasta que muere y con sus momentos de máxima y mínima esplendor. Te contamos la historia de la vid, aquella maravillosa planta trepadora que nos da una de las bebidas más mágicas que podemos tomar: el vino. 

Redacción

El mayor secreto de los grandes vinos está en el suelo y la vid. Por supuesto esto incluye altitud, latitud, climatología y estilos de trabajo en el viñedo.

Y sin ninguna duda, si hay algo que es imprescindible en la elaboración del vino es la vid (obviamente, ¡pero por alguna frase teníamos que empezar!).

El ciclo de la vid (The Circle of Life como cantábamos mientras veíamos la película de Disney El Rey León) empieza en la brotación.

como crece la vid

Con buen clima y buen pie

En el hemisferio norte, como en Francia, España o California, la brotación de la vid es de marzo a abril. En el hemisferio sur, como Argentina, Chile o Sudáfrica, entre septiembre y octubre.

En esta época nacen nuevos brotes verdes en la vid, que fue previamente podada para pasar el invierno. Normalmente la brotación empieza cuando la temperatura excede los 10 grados centígrados, aunque puede depender de la variedad.

La principal amenaza durante la brotación son las heladas, como ocurrió en Ribera del Duero en el año 2017, algo que podría resultar en una pérdida importante de la futura cosecha.

El clima es por lo tanto determinante durante la brotación, así como las reservas de carbohidratos que ha acumulado durante el invierno la vid en el pie.

Porque después de la brotación de la vid, entre marzo y mayo en el norte y entre septiembre y noviembre en el sur, empiezan a crecer las flores.

Y en un inicio, las flores del viñedo se alimentan de las reservas de carbohidratos que tiene la planta, pero pronto empiezan a realizar la fotosíntesis para poder seguir creciendo.

En esta época, la disponibilidad de agua y nutrientes es muy importante. Se necesita un clima relativamente cálido, mucho sol y poca lluvia para garantizar la polinización.

brotación de la vid

La buena y la mala uva

Después de las flores llega la uva. Esto ocurre entre mayo y junio en el hemisferio norte, y entre noviembre y diciembre en el hemisferio sur.

Las flores – no todas – se convierten en fruta y empieza la época más emocionante del ciclo. Esperar a la maduración de la uva hasta que llega el envero.

El envero es el momento en que sabemos que las uvas empiezan a madurar: se mezclan en los mismos racimos, uvas de varios colores. Púrpura en uvas tintas, dorados en uvas blancas. En esta época los niveles de azúcar ascienden y la acidez se reduce.

Entre el envero y la vendimia, se acumulan los pigmentos y los aromas en la uva, concretamente en la piel. También es ahora cuando se desarrollan los famosos taninos.

En estos momentos ya podemos empezar a ver si la calidad de la uva que hemos estado esperando es buena o no. Para lograr buena calidad, podría ser necesario realizar la llamada poda en verde, que consiste en retirar hojas que puedan estar limitando la llegada de luz a los frutos.

Sin el sol, la uva no maduraría y con exceso de sombra en el interior de la planta, el riesgo de infecciones por hongos es superior. Con la poda en verde se consigue mantener la vid aireada y el sol acariciando las uvas todos los días.

envero en la vid

La vendimia: aquello que todos queremos hacer alguna vez

Numerosas bodegas en todo el mundo ofrecen la que llaman “Experiencia Vendimia”. Es decir, participar en la recogida de la uva y su posterior pisado, básicamente como una actividad lúdica y no para elaborar ningún vino.

Pero aquí hablamos de la vendimia real: aquella que nos permite recoger el fruto de la vid y elaborar vinos blancos, tintos, rosados o espumosos.

Lo ideal es que durante la época de la vendimia no llueva, para evitar la expansión de hongos entre las plantas y mantener la concentración aromática de las uvas.

Después de la vendimia, en octubre o en marzo dependiendo del hemisferio del planeta donde se encuentre el viñedo, la planta vuelve a descansar.

Es el momento de dormir: las hojas caen y la vid concentra sus reservas de carbohidratos en el pie. La poda de invierno ayudará a esta concentración, reduciendo la cantidad de madera en la planta que tiene que sobrevivir a los meses cálidos.

Y hasta aquí el ciclo de la vid termina y vuelve a empezar. Para los románticos podría ser magia, para los prácticos, pura ciencia ambiental.

Lo importante para todos, que los viñedos sigan afrontando los retos que trae el cambio climático y puedan seguir realizando su ciclo cada año para brindarnos vinos de gran calidad.

 

COPYRIGHT FOTOS Y MAPA: DO Ribera del Duero (©José I. Berdón)

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